
Aterrizar en Delhi supone viajar en el tiempo hasta el esplendor del colonialismo británico. Este estado indio es hoy, con Nueva Delhi, la conjunción perfecta entre la tradición musulmana y la arquitectura colonial de los años veinte.
Delhi conserva todavía los fuertes y palacios construídos por las primeras dinastías mogolas, en los siglos XVI y XVII. Entre ellos, el Fuerte Rojo, mandado hacer cuando la ciudad pasó a ser capital del Imperio mogol, destaca no sólo por su enorme tamaño sino también por el peculiar color de su caliza. Aunque los británicos destruyeron parte de sus pabellones y jardines, este fuerte fue construído como una unidad independiente por lo que su estructura todavía se mantiene intacta. Vale la pena ver la ornamentación de sus muros en vivo, ya que, sobre todo por la zona superior, están cuidadosamente decorados.
Desde el fuerte se puede acceder a otros palacetes. No os perdáis ninguno: en el primero se recrea el trono de Salomón, tras él se encuentran los apartamentos imperiales privados conectados todos por los "arroyos del paraíso" (canales de agua), los últimos pabellones eran para las mujeres; también hay baños turcos y una pequeña mezquita. El palacio sigue una arquitectura manifiestamente hindú. Haciéndome eco de una inscripción que se puede leer en las paredes del palacio "si existe un paraíso en la tierra, está aquí".
Pero la historia reciente también deja mucho que ver en la séptima ciudad más poblada del mundo. En los años en que duró el imperialismo británico en la zona, éstos designaron Calcuta como capital en detrimento de Delhi y derruyeron algunas zonas de la vieja ciudad. El resultado es un paisaje monumental totalmente reconstruido por el arquitecto Edwin Lutyens, cuya pretensión era acotar el espacio para acoger edificos institucionales.
Coronando este paseo por la nueva ciudad os encontraréis la Puerta de la India, un homenaje a los soldados indios caídos en la I Guerra Mundial y que ahora honra también a los muertos en la guerra con Pakistán. Es un impresionante monumento rodeado de una zona ajardinada, ideal para tirarse a descansar.
Todo lo demás, porque hay mucho, lo dejo para que lo descubráis por vosotros mismos (Lufthansa tiene una oferta para vuelos directos a Delhi: http://www.lufthansa.com/online/portal/lh/es/specials/booking?nodeid=1920053&l=es&cid=1000233&specialid=8774). Sólo os adelanto que no tendréis problemas con el idioma, pues aunque las lenguas oficiales son el hindi, el urdú y el punjabi, el inglés está a la orden del día. Y por la movilidad en Delhi tampoco hay que preocuparse: tienen uno de los mejores sistemas de transporte público de toda la India y la ciudad está diseñada para fomentar la conectividad por ferrocarril.
¿Qué mejor época que la nuestra para aprender a conciliar la facilidad de traslado con la ilusión genuina de la experiencia?


